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Rodrigo Orrantia | Maestría en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura Introducción Las fotografías viejas siempre me han producido una tremenda curiosidad. No podría describirlo con certeza, pero están rodeadas de un halo de misterio, quizá por ser un instante de tiempo tan alejado, tan inasible. Entre más vieja la fotografía, más crece esta sensación. Muchas de veces ni siquiera reconocemos a las personas que están en la foto, ni el lugar donde esta fue tomada. Pero sabemos, por lógica, que las personas y lugares existieron, que probablemente ya no existen, y que la única prueba que quedó de su paso por el mundo podría ser esa fotografía. Quizá sea esa la esencia de su misterio. La obra “En la punta de la lengua” de Rodrigo Facundo es una instalación que parte de la imagen fotográfica, principalmente viejas fotografías de álbumes familiares, periódicos y revistas, para desarrollar un planteamiento sobre las dos dimensiones de la memoria: individual y colectiva, o, en palabras de Facundo, “hacia adentro” y “la ausencia”. “Por “ausencia” entiendo la manera como nos constituimos en testigos pasivos de una historia que se construye a partir de elementos externos, petrificados en una historia que se convierte en una memoria impuesta y ajena. En forma paralela se desarrolla una memoria individual, “hacia adentro”, de carácter único y casi imposible de transcribir. Es una memoria que se construye a partir de sensaciones táctiles, viscerales, orgánicas, determinadas por la estructura del deseo”. (1) Formado originalmente como pintor, desde sus primeras obras Facundo se interesó por la imagen fotográfica y su estrecha relación con la pintura. En 1984 participó en la Bienal de la Habana, con una obra construida a partir de fotografías recolectadas en álbumes y revistas, y en 1997 presentó “En la punta de la lengua”, para el premio Luis Caballero. En “en la punta de la lengua”, Facundo plantea tres caminos, tres “dispositivos”, para generar, a través de la imagen fotográfica, un discurso acerca de la memoria. El título de la muestra es una buena introducción: “Lo tengo ‘en la punta de la lengua' se dice cuando uno quiere acordarse de algo y está a punto de decirlo, pero encuentra dificultades para ello.”(2) Facundo dividió la exposición y el catálogo en tres temas paralelos, cada uno con su correspondiente dispositivo visual. Los nombres que les dio fueron: gente/evocación, lugares/arquitectura del eco, y pensamientos/el recuerdo de las formas ambiguas. Las imágenes corresponden al interior de la galería. Mi intención es hacer un rápido recorrido por la instalación de Facundo, para luego hacer énfasis en el tema que concierne a este estudio de caso, “lugares”, y su correspondiente dispositivo, “arquitectura del Eco”. Comenzaremos entonces por ese aparato. Al final de la sala donde se instaló la obra, estaba dispuesto un gran toldo, parecido a una carpa de circo, rodeado de butacos ubicados frente a unas pequeñas ventanas. Por entre éstas se podían divisar estreogramas de espacios arquitectónicos seleccionados por Facundo. Los estereogramas son fotografías tomadas con una ligera diferencia de posición, que corresponden al punto de vista del ojo izquierdo y derecho del observador. Al percibir las imágenes simultáneamente a través de un visor, se genera un efecto visual de tercera dimensión.
Sobre las imágenes estereográficas, dice Facundo: “Puede que existan todavía [haciendo referencia a los lugares donde fueron tomadas las fotografías], pero lo que hay en este aparato son más bien como ruinas de esos lugares, y son en diferentes partes del país y son como ruinas que tienen alguna significación histórica, y entonces pues yo recorrí diferentes sitios y fui tomando fotos, porque si se acuerda de los comienzos de la fotografía, las postales tridimensionales tenían un jurgo de curiosidad para la gente, y se convirtieron en un juego. Pues yo pensé en todo este trabajo como en una cosa relacionada con la historia de la fotografía, con los primeros inventos, y entonces pensé que en este lugar que era el planetario, pues siempre van muchos niños y muchas personas que no tienen una cultura visual muy compleja, y pensé en hacer una cosa que tuviera que ver mucho con la relación entre la fotografía y la historia, retomando cosas como esos aparatos.”(3) Un segundo dispositivo tiene por nombre “evocación”. Se trata de un doble proyector, en donde se iluminan transparencias de fotografías anónimas en la superficie del aparato, y simultáneamente se proyecta una imagen de carácter histórico contra la pared. Las dos imágenes (columna izquierda arriba) corresponden a la instalación de los dispositivos de “evocación”: varios proyectores colgados por cables, en una especie de red. Sobre este dispositivo, dice Facundo: “Toda la gente que estaba en estos aparatejos era como gente anónima. Todos estaban ahí y estos aparatos eran como unas lámparas de donde salía la otra imagen, que se proyectaba en la pared, que sí tenía que ver más con la historia del país. Era como esa relación entre lo que a uno le pasa en su vida cotidiana y la historia que está allá afuera, como una especie de paralelo en el mismo espacio.”(4) Al otro extremo de la sala se encuentra el último aparato, al que Facundo llamó “El recuerdo de las formas ambiguas”. Este aparato es un gran cilindro que funciona con el mismo principio que un zootropo. En los principios de la historia de la fotografía, el zootropo fue el primer intento de recrear el efecto de movimiento, al pasar rápidamente una secuencia de imágenes fotográficas ante los ojos del observador. La velocidad de este movimiento estaba calculada para que no fuera demasiado rápida para no poder ver las imágenes, o demasiado lenta para alcanzar a distinguir cada cuadro. Es entonces una ilusión animada. Facundo se refiere a las imágenes de este zootropo: “Este trabajo tenía que ver con esta otra máquina que era como un zootropo, como una especie de animación que uno podía leer a través de estos huequitos. Está también inspirado un poco en todas las versiones de los escudos nacionales desde mil ochocientos algo, hasta ahora. Que todos los caricaturistas siempre han hecho sus propias versiones depende del estado del país. Entonces iban cambiando y mutando los símbolos, y la idea era, a través del movimiento, ver como esos símbolos iban mutando.”(5) De manera paralela a la muestra, Facundo presentó un pequeño libro, una especie de manual de instrucciones acerca de la exposición. Este manual hizo las veces de catálogo, que se separaba de ser un simple registro de la obra, al incluir tres secciones especiales, con imágenes que no se mostraban en el montaje original. Estas secciones correspondían a los temas principales: “gente”, “pensamientos”, y “evocación”. Según Facundo, esas imágenes fueron los pasos preparatorios para los dispositivos de “En la punta de la lengua”. “Esa fue como la idea de donde partí, para luego trabajarla en este aparato”. (6) La idea de la que partió es una serie de imágenes fotográficas, en la sección de “gente” y “lugares”, tomadas del album fotográfico de su familia. En la sección “gente” se encuentran las fotografías originales tomadas del álbum. Son fotografías que cualquiera podría encontrar en el album de su familia. La sección “lugares” es quizá la más interesante, y es el centro de este estudio de caso: En esta sección, Facundo ha borrado cuidadosamente las personas de las fotografías, mediante un proceso digital. Lo que nos quedan son unos lugares desolados. Lugares que cumplían la función de telón dentro de la fotografía, pasan a ser protagonistas revelación. Es como un mudo que de repente empezara a hablar. Ahora bien, ¿qué es lo particularmente especial de estos lugares? ¿Qué hace que las fotos de la obra sean tan diferentes de las de mi propio album familiar, o del suyo? Se trata, pienso, de la reflexión sobre el lugar en la imagen fotográfica. Las fotografías de nuestro album de familia nos son demasiado familiares, valga la redundancia, como para comprenderlas en su profundidad. No nos podemos desprender de ciertos prejuicios. Si la fotografía anterior hubiera sido sacada del álbum de mi familia, yo no podría ver a un extraño bajando por unas escaleras. En mi caso, vería específicamente al tío Jorge, al que le gustaban las palomas. En la sección de “lugares” vemos la misma imagen, pero curiosamente, exenta del protagonista. Cuando la presencia de este personaje es misteriosamente borrada, ¿Qué nos queda? Unas escaleras anónimas. La misteriosa aparición de unas escaleras, de un edificio, de un lugar. ¿Cuál es, entonces, la estrategia para hacer explícita esta conciencia del espacio? A través de la manipulación digital, Facundo inicia una reflexión sobre el papel del espacio en la imagen fotográfica, y su importancia en la creación de la memoria. A esto Facundo llamó el método de Simónides.
Simónides o el método de los lugares Cuando discutí con Facundo sobre las imágenes de “lugares”, me indicó un texto en el catálogo sobre un pensador y escritor griego llamado Simónides. Sobre esto comentó: “La idea también tiene que ver con este cuentico que hay aquí sobre Simónides y la memoria. Entonces tenía que ver con el lugar que ocupan las personas y la memoria, a través de un método que él se inventó para recordar, asociando el espacio con una persona o con un objeto para poder recordar las cosas. Todo este trabajo tiene que ver con esa idea de asociación. Que por asociación uno pueda recordar el pasado.”(7) El texto que se encontraba en el catálogo de la exposición es el siguiente: “De Simónides se dice que dejó un banquete justo antes de que el techo colapsara y matara a todos los ocupantes del edificio. Si bien no todos los cuerpos de los invitados podían ser reconocidos, Simónides pudo identificarlos para sus familiares por el lugar en donde estaban sentados los invitados a la mesa. Esta demostración del orden espacial que contribuyó a recordar precisamente, supuestamente condujo a Simónides a inventar el método del loci. El método se convirtió en la base para recordar la secuencia de tópicos en discursos, y fue descrito por el orador griego Quintiliano: Para poder formar una serie de lugares en la memoria, dijo, un edificio debe ser recordado, tan espacioso como variado sea posible, el hall de entrada, las salas, las habitaciones, los salones, sin omitir estatuas y otros ornamentos con los cuales han sido decorados…”(8) Hay dos instancias de la obra de Facundo que hacen referencia al método del loci. Primero, las imágenes del catálogo, que nos introducen al problema del lugar dentro de la fotografía, y segundo, los estereogramas del dispositivo “arquitectura del eco” que nos invitan a percibir los espacios fotográficos en una aparente tercera dimensión Los estereogramas de “arquitectura del eco” intentan que seamos, momentáneamente, una especie de Simónides, al hacernos concientes del método del loci. El dispositivo nos invita a percibir los espacios fotográficos en una aparente tridimensionalidad para hacernos recordar a través de la sensación del espacio. Aquí hay una importante referencia, si volvemos a la cita de la primera página, sobre la memoria individual, la memoria hacia adentro: ”En forma paralela se desarrolla una memoria individual, “hacia adentro”, de carácter único y casi imposible de transcribir. Es una memoria que se construye a partir de sensaciones táctiles, viscerales, orgánicas, determinadas por la estructura del deseo” (9) La sensación del espacio, y su relación con las estructuras de la memoria individual es un asunto complejo, ya que como escribe Facundo, es una sensación de carácter único, imposible de transcribir. Seria pretencioso y en última instancia inútil tratar de codificar una relación basada en una inmensidad de percepciones sensoriales de distintas magnitudes. Lo que si es posible es intentar adentrarnos aun más en lo que significan los lugares dentro de la fotografía: el papel del lugar en la memoria. Para intentar entender dicha relación es pertinente traer una nueva ficha al juego, un concepto adicional para relacionar: el concepto de los no-lugares.
Lugar, no lugar y el método de Simónides: la experiencia como generadora de lugar.
Según Augé, nuestra experiencia del mundo contemporáneo nos aleja cada vez más de una relación intima con el entorno, en especial con el espacio de nuestra cotidianeidad. El espacio contemporáneo se está volviendo cada vez más un lugar de tránsito. Nuestra vida se ha convertido en un constante recorrer, en cambio de un estar. “Los no lugares son tanto las instalaciones necesarias para la circulación acelerada de personas y bienes (vías rápidas, empalmes de rutas, aeropuertos) como los medios de transporte mismos o los grandes centros comerciales, o también los campos de tránsito prolongado donde se estacionan los refugiados del planeta.”(10) Por contraposición, la idea de lugar hace referencia a un espacio con el que tenemos una conexión personal. Un lugar en justos términos es un espacio cargado con un significado especial para nosotros, un espacio que no sólo existe como resultado de un desplazamiento entre un punto a y un punto b. En palabras de Augé, un lugar puede definirse entonces como un lugar de identidad.(11) ¿Qué es lo que hace que un no lugar se transforme en un lugar? Es claro que un mismo espacio, en momentos diferentes de tiempo, puede ser tanto lo uno como lo otro. Y, en el sentido en que un espacio puede ser experimentado de manera diferente por cada individuo, lugar y no lugar pueden convivir simultáneamente en distintos niveles. Si partimos de nuestra propia experiencia, podemos intuir una definición de lugar: los lugares son los espacios que cargamos de significación personal. Así los espacios pierden su carácter anónimo y se convierten en propios. Si indagamos un poco más en la manera en que nos apropiamos de los espacios, nos encontramos con la idea de la experiencia del espacio. Es sólo al vivir una experiencia directa del espacio, que éste se carga para nosotros con nuestra identidad. Los espacios que consideramos más personales (los espacios de nuestra intimidad) son los que más convencidamente llamaríamos lugares. La primera parte de la obra de Facundo (mostrada a través del folleto que acompaña la instalación) está encaminada a descubrir los no lugares detrás de las fotografías del álbum familiar. Volvamos a la imagen de las escaleras. Aparentemente no tiene mayor atractivo. Pero si, momentos antes (en el caso del folleto), vimos la misma fotografía con un personaje central, que ahora ha desaparecido, la imagen de las escaleras se vuelve tremendamente inquietante. En mi caso, la presencia original me hace falta, siento el vació que ha dejado el protagonista de la foto. Lo inquietante es que al mismo tiempo siento que el espacio (las escaleras, las columnas), empieza a decir cosas: Cosas que nunca pudo decir porque el hombre de la foto no lo permitía.
Esas cosas que el espacio intenta decir no son tan relevantes como el hecho en sí: El hecho de que el lugar esté diciendo, después de una vida entera de silencio, “yo existí, y como imagen estoy existiendo ahora”. Esto nos hace concientes de la presencia de un espacio arquitectónico en la imagen fotográfica, el primer paso en la transformación del no lugar en lugar. En esta operación también nos hacemos concientes del método de Simónides: Hay una relación entre personas y espacios para generar un recuerdo. El complejo sistema que conforma nuestra capacidad para recordar, además de centrarse en una persona, comprende una fuerte y vívida experiencia de un espacio, en ese sentido, de un lugar. La obra de Facundo confronta este sistema con las imágenes del album familiar, que apenas son fragmentos de unos recuerdos sensoriales mucho más íntimos y complejos. La segunda instancia que mencioné de la obra de Facundo, el dispositivo de“arquitectura del eco”, viene entonces a soportar la anterior premisa. Al convertir la imagen fotográfica en un estereograma, la sensación del espacio es mucho más profunda. En palabras de Facundo “Las fotos tridimensionales tienen una relación directa con el tacto, como que el espacio se vuelve casi palpable cuando uno lo ve tridimensionalmente. Y tiene que ver mucho con la memoria. El tacto está directamente relacionado con la memoria. Por eso quise hacer algo en que tuvieran relación el espacio y el tacto, directamente con ese espacio histórico.” (12) El espacio histórico de la fotografía es un claro ejemplo de no lugar. El dispositivo de “arquitectura del eco”, a través de las fotografías estereoscópicas, intenta hacer más directa la experiencia del espectador con el espacio de la imagen fotográfica, y así aproximarlo más a lo que definimos como lugar. En mi caso, el ejemplo de Simónides funcionó. La sola curiosidad por la técnica estereoscópica, y su aplicación mecánica y preciosista de las leyes de la óptica, me hizo cargar el espacio que vi con una significación personal. El espacio de la estereografía incitaba la reactivación de mis propios recuerdos: el no lugar de la imagen fotográfica se convertía en mi lugar. “Un olor, una imagen, cualquier cosa, puede ser el mecanismo que dispare de vuelta ese recuerdo perdido.”(13) El concepto de los no-lugares sirve para nombrar esas presencias misteriosas que hay en las imágenes de “lugares” en el catalogo de “En la punta de la lengua”. Saber cuales son nuestros no lugares, por contraposición, hará brillar nuestros lugares, o por lo menos nos hará reconocer la necesidad de encontrarlos. Diferenciar entre lugar y no-lugar nos permite poner un poco de luz en los rincones oscuros de la fotografía: ¿Por qué los estereogramas están más cerca al concepto de lugar, y probablemente de nuestros recuerdos? ¿Por qué unas fotografías significan tanto para algunos y tan poco para otros? La fotografía triunfa por ser la manera más visual de recordar. Pero no nos engañemos con el falso discernimiento entre lugares y no lugares. Que tengamos una experiencia singular de un no lugar no lo convierte de inmediato en un lugar, y el hecho que demos por sentada nuestra experiencia de ciertos espacios que creemos lugares no los ratifica como tal. Volvamos un momento al texto de Augé para considerar esta advertencia: “En la realidad concreta del mundo de hoy, los lugares y los no lugares se entrelazan, se interpretan. La posibilidad del no lugar no está nunca ausente de cualquier lugar que sea. El retorno al lugar es el recurso de aquel que frecuenta los no lugares.” El siguiente podría ser el mensaje oculto de los estereogramas de Facundo: “Vivimos en un mundo que no hemos aprendido a mirar todavía. Tenemos que aprender de nuevo a pensar el espacio”.(14)
El método de Simónides y la fotografía: La relación entre objeto e imagen.
Volviendo a las imágenes del catálogo, hay una cosa que me extraña. Si Facundo le invirtió el tiempo y trabajo necesarios para borrar a los personajes de las fotografía, ¿Por qué no borró los dobleces del papel y las manchas en la imagen? No le hubiera significado mayor trabajo. Podríamos intuir que hay algo sobre el objeto fotográfico mismo que es importante, y que a simple vista pasa desapercibido. “La idea es que, como son fotos de otra época, mi intención era tomar la foto tal y como venía, y en lo posible, pues no manipularla. En algunos casos las manipulaba para tratar de hacer que la idea fuera más clara. Pero todas esas cosas que pasan en la foto son, pues, aquí por ejemplo [haciendo referencia a la imagen en esta página] la cámara o alguna cosa se le veló y yo no iba a intervenir ahí.” En las discurso de Facundo hay un gran respeto por el material original. La fotografía como objeto es muy importante. Además de lo que la imagen pueda transmitir, el objeto fotográfico mismo (el papel en el que está impresa la fotografía) es decisivo en su obra. Los bordes “estilo rasgado”, los dobleces, los rayones, las sobre y sub exposiciones, hasta los esquineros engomados para fijar las fotos sin dañarlas. En el mundo del arte contemporáneo, inundado de imágenes fugaces, el objeto fotográfico es un agente del pasado moderno, de la era pre-digital. Es una especie de incomodidad que nos obliga a replantear las definiciones de fotografía contemporánea. La observación se refiere en particular al uso de la fotografía en el arte contemporáneo, que prefiere como en el caso de Facundo, tomar imágenes fotográficas antiguas como materia prima para una expresión contemporánea. En este sentido, la fotografía como objeto tiene una doble validación: No es tan solo la imagen que se proyecta sobre una superficie. La fotografía también es la materia en sí (el papel, los químicos, el grano de la película) que la compone, y la identifica como objeto. El método relacional de Simónides podría volver al juego.
15/06/03
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