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[Esta conversación fue la base del trabajo titulado El método de Simónides | Lugar y no lugar, en la obra “En la punta de la lengua” de Rodrigo Facundo.] R.O: Comencemos hablando de “En la punta de la lengua” y los temas que usted identifica en el catálogo como “lugares”, “gente”, y “pensamientos”. R.F: Dividí el trabajo como en tres cosas: una era pensamientos otro era lugares y otro era personas. R.O: Aunque me interesa particularmente hablar sobre “lugares”, hablemos primero sobre “pensamientos”, ¿a qué hacen referencia las imágenes fotográficas en ese tema? R.F: Son detalles de fotos, de diferentes cosas. Dentro de la obra, “pensamientos” es sobre los símbolos y la gente que de alguna manera ha forjado cierto carácter en la historia del país. Que a través de su pensamiento ha quedado alguna huella, y pues esta gente también ha desaparecido y era pues hacer como una especie de recuento histórico a través de las fotos, de estas personas también, no solo de los lugares. Este trabajo tenía que ver con esta otra máquina que era como un zootropo, como una especie de animación que uno podía leer a través de estos huequitos. Está también inspirado un poco en todas las versiones de los escudos nacionales desde mil ochocientos algo, hasta ahora. Que todos los caricaturistas siempre han hecho sus propias versiones depende del estado del país. Entonces iban cambiando y mutando los símbolos, y la idea era, a través del movimiento, ver como esos símbolos iban mutando.
R.O: Por lo que tengo entendido, cada tema corresponde a un dispositivo, y “pensamientos” corresponde a uno llamado “evocación”. ¿Cómo funcionaban las imágenes fotográficas en este aparato? R.F: Toda la gente que estaba en estos aparatejos era como gente anónima. Todos estaban ahí y estos aparatos eran como unas lámparas de donde salía la otra imagen, que se proyectaba en la pared, que sí tenía que ver más con la historia del país. Era como esa relación entre lo que a uno le pasa en su vida cotidiana y la historia que está allá afuera, como una especie de paralelo en el mismo espacio. Pero entonces, cuando uno piensa en esas cosas como que uno disocia las dos historias, como uno está en su propio cuento, en su propio entorno, y otra cosa es la historia que está pasando por fuera del país. Yo por lo menos no conocía, pues, porque me puse a investigar muchas cosas que habían pasado, y aquí uno no se entera de muchas cosas, por ejemplo esos sindicalistas que estaban luchando en los años veinte en Antioquia, y partes de la historia que uno no profundiza o que no son muy conocidas o que a uno simplemente no le han dicho. R.O: ¿Qué tipo de intervención tuvieron las imágenes fotográficas originales? R.F: Sí, están intervenidas. Estas fotos me las regaló un fotógrafo que tiene un estudio aquí en el centro. Entonces el señor me insistió que no podía usar las fotos de alguna forma que la gente se reconociera, porque iba a tener problemas. Él tenía un archivo grandísimo de fotos de muchos años atrás que tenía guardadas, y yo le dije que me las regalara, y él usualmente después de un tiempo va quemando una gran cantidad de fotos. La única manera de poderlas usar fue poniéndole esa raya a la gente. [Haciendo referencia a una pequeña barra negra sobre los ojos de los sujetos fotografiados] R.O: ¿Y las imágenes que proyectaba en la pared? R.F: Aquí había gente que por sus ideas los habían matado. Camilo Torres, Galán, y estas son del nueve de Abril. Aquí están las caricaturas de Rendón, y él hablaba con sus caricaturas de la violencia sutil que había en muchas de las relaciones políticas en ciertos momentos del país. R.O: Hablemos ahora sobre “lugares” ¿Cómo llegó, a partir de la idea de lugar, a la idea de la memoria? R.F: Pues, simplemente, la idea también tiene que ver con este cuentico que hay aquí sobre Simónides y la memoria, entonces tenía que ver con el lugar que ocupan las personas y la memoria. Entonces a través de un método que él se inventó para recordar, asociando el espacio con una persona o con un objeto para poder recordar las cosas, entonces todo este trabajo tiene que ver con esa idea de asociación: que por asociación un pueda recordar el pasado. Y se trata del pasado histórico y del pasado también de cada uno.
R.O: ¿Cómo funcionaba el dispositivo, que usted llamó “arquitectura del eco”, y que corresponde a “lugares” en esta parte de la instalación? R.F: La idea aquí era hablar del espacio de la arquitectura y esto era una especie de recorrido que uno hacía, y había unos visores, y en esos visores había unas fotos tridimensionales, unos estereogramas que uno podía ver a través de los visores. Tenía que ver con el espacio histórico, de alguna manera, pero también con un espacio más íntimo, como un espacio cotidiano de la gente. R.O: Hábleme más sobre los lugares que se ven en los estereogramas. R.F: Estos lugares [haciendo referencia a las imágenes estereográficas] puede que existan todavía, pero lo que hay en este aparato son más bien como ruinas de esos lugares, y son en diferentes partes del país y son como ruinas que tienen alguna significación histórica, y entonces pues yo recorrí diferentes sitios y fui tomando fotos, porque si se acuerda de los comienzos de la fotografía, las postales tridimensionales tenían un jurgo de curiosidad para la gente, y se convirtieron en un juego. Pues yo pensé en todo este trabajo como en una cosa relacionada con la historia de la fotografía, con los primeros inventos, y entonces pensé que en este lugar que era el planetario, pues siempre van muchos niños y muchas personas que no tienen una cultura visual muy compleja, y pensé en hacer una cosa que tuviera que ver mucho con la relación entre la fotografía y la historia, retomando cosas como esos aparatos. R.O: ¿Cómo se relacionaban las imágenes del catalogo? ¿Fueron parte de la instalación?: R.F: Estas no[apuntando a las imágenes del catálogo], estas simplemente eran fotos que incluí en el catálogo, mejor dicho, esta fue como la partida, como la idea de donde partí para luego trabajarlo en este aparato [haciendo referencia al dispositivo de los estereogramas]. R.O: Sigamos hablando de las imágenes del catálogo. La diferencia entre las fotografías de “gente” y las de “lugares” es que en las fotografías de “lugares”, los protagonistas de las fotos han desaparecido. ¿Podría explicarme un poco el hecho de haber “borrado” a la gente de las imágenes fotográficas? R.F: En este catálogo “borrar a la gente” era simplemente para ilustrar la idea de lo que es la ausencia de la persona en el espacio, entonces por eso simplemente la borré. Era como hacer énfasis en el entorno y en el espacio donde transcurre la vida de una persona. Y esta fue como la idea inicial, y de aquí salió la idea de hacer las fotos tridimensionales, porque tienen una relación directa con el tacto, como que el espacio se vuelve casi palpable, cuando uno lo ve tridimensionalmente, y esto tiene mucho que ver con la memoria. El tacto está directamente relacionado con la memoria, entonces por eso quise hacer una cosa que tuviera relación el espacio y el tacto directamente con ese espacio histórico. En este aparato hay fotos de lugares históricos, y también fotos de lugares como de, no sé, como de la vida de uno. R.O: Aquí hay otra cosa que me llama la atención sobre esas imágenes. ¿Si usted se tomó el tiempo para cuidadosamente borrar a las personas de la foto, porqué no “arreglar” los otros defectos de la imagen? ¿Porqué no borrar los dobleces, las manchas, y hasta corregir la exposición de las fotografías? R.F: La idea es que como son fotos de otra época, y hay de diferentes épocas, la idea era tomar la foto tal y como venía en lo posible. En algunos casos las manipulaba para tratar de hacer que la idea fuera más clara. Pero todas esas cosas que pasan en la foto, aquí por ejemplo la cámara o alguna cosa se le veló, y yo no iba a intervenir ahí. [Indicando la imagen siguiente] R.O: Veo que para usted hay una relación muy cercana entre la imagen visual y el recuerdo. R.F: Sí, es que a mi me parece, por ejemplo, cuando yo estaba pequeñito, que uno tiene un recuerdo del espacio muy extraño. Después de muchísimos años, yo volví a la casa de mi abuela, y pues la casa se redujo increíblemente. Cuando yo fui allá después de muchísimos años, pues uno pequeñito tiene la perspectiva de las cosas diferentísima, por ejemplo el baño para uno es una cosa altísima, y después de muchos años va uno a ese espacio, y encuentra que ese espacio se redujo y que las cosas cambiaron de proporción de una forma increíble, es una sensación muy rara. R.O: ¿y la fotografía? R.F: Yo sí he usado fotografía, siempre he utilizado imágenes de diferentes fuentes, como fotos recortadas de revistas o fotos del album de la familia o cosas así, y las he recontextualizado, entonces por ejemplo, aquí hay una obra que hice hace mucho tiempo en offset, o por ejemplo esta otra obra que hice para una bienal en la habana. Esta también tiene que ver mucho con el lugar, de alguna forma con el espacio porque si uno lo puede asociar por la forma donde está la persona, con ese espacio intimo que tiene, le recuerda a uno como un arco, como un espacio interior, pero es también como una especie de tumba, como una especie de osario. Este trabajo salió de la idea de la atmósfera que uno crea cuando está pintando y está haciendo un paisaje, que son como muchas capas, que se llama veladura. Entonces la atmósfera o el espacio aquí esta dado por la transparencia de la cera que está sobre la foto, que es la que al tiempo sostiene la foto en ese espacio, en ese huequito donde está metida, lo que adhiere la foto al soporte. Un soporte translucido que al tiempo se vuelve como una especie de atmósfera. Todas estas fotos donde uno siempre observa el entorno y el espacio y la luz, y todas esas cosas, de golpe si uno pudiera tener la posibilidad de volver a esos lugares… ¿si me entiende? También ver cómo han cambiado las cosas o cómo han pasado por ahí tantas personas. No sé, Es una cosa en la que yo siempre pienso, pienso muchísimo. En el espacio y cómo puede cambiar a través del tiempo y cómo le puede decir a uno diferentes cosas. 20/05/03
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